Esta es una historia de vida, nacimiento y renovación. Este lugar es tan único y mágico que su existencia solamente puede ser el resultado del destino.

Unos amigos desde la infancia, emprendieron la aventura de hacer realidad el sueño de sus vidas, su visión era muy clara: crear un lugar extraordinario donde sus familias, amigos y visitantes pudieran disfrutar de una profunda conexión con la belleza natural de la tierra.

Su visión los llevo al bellísimo Valle de Guadalupe en Baja California. Aquí, en esta tierra majestuosa de bruma, viñedos y colinas, supieron que la tierra fértil, las vistas conmovedoras y la calidez y talento de la gente, lo harían un destino ideal para que quien lo visite sienta su vitalidad renovada.

Pisar esta tierra es experimentar una conexión sensorial con la naturaleza, con México y con una parte más profunda de uno mismo.

Un granjero que había vivido su vida en un pedazo de tierra de 78.5 hectáreas, encontró en estos inversionistas  la misma pasión que el sentía por el espíritu de la tierra, fue por esto que les vendió su preciada propiedad. Es tal el ciclo de vida en el valle que el granjero, satisfecho y en paz, al poco tiempo falleció mientras dormía.

No fue necesario buscar un nombre para el lugar, el nombre los encontró a ellos. Estos amigos sabían que la bruma, que llega en la noche y se va por la mañana, representa vida y engloba todo lo mítico y renovador del Valle de Guadalupe.

Hoy Bruma formará parte de esta nueva generación de destinos vinícolas, rodeada por talento, diseño y pasión. Un destino turístico con una energía revitalizante que mueve a toda persona que lo visita. Un lugar para probar los mejores vinos hechos en la región.
Un lugar para compartir con amigos y familiares y experimentar el alma de México.